La Procuración General de la Nación aprobó una guía para la investigación de incidentes terroristas previos a un ataque, con el objetivo de brindar herramientas a fiscales, jueces y organismos de seguridad para detectar procesos de radicalización, reclutamiento y movilización hacia la violencia en entornos digitales.
La Procuración General de la Nación aprobó la “Guía para la investigación de incidentes terroristas previos a un ataque”, un instructivo que busca brindar herramientas para detectar e investigar procesos de radicalización, reclutamiento y movilización hacia la violencia antes de que se concrete un atentado. La resolución fue firmada por el procurador general Eduardo Casal y elaborada por la Secretaría de Análisis Integral del Terrorismo Internacional (SAIT) y la Unidad Fiscal Especializada en Criminalidad Organizada (UFECO).
El documento aborda el análisis de problemáticas detrás de casos como el tiroteo escolar de San Cristóbal (Santa Fe) y la serie de amenazas a colegios de la Zona Norte bonaerense registradas en 2023, donde los investigadores confirmaron que los acusados eran jóvenes que interactuaban con “comunidades cerradas” en distintas plataformas de Internet.
La guía parte de la premisa de que un ataque terrorista no constituye un hecho aislado, sino el último eslabón de un proceso que puede incluir propaganda, adoctrinamiento, captación ideológica, reclutamiento, financiamiento, obtención de medios logísticos, inteligencia y planificación. Según el texto, muchas de esas actividades se desarrollan actualmente en ámbitos digitales, descentralizados y transnacionales.
El instructivo propone una metodología para que fiscales, jueces y organismos de seguridad puedan identificar señales, evaluar el nivel de riesgo y orientar las medidas de investigación. La resolución establece límites para evitar que el análisis de estas conductas derive en una criminalización de conductas ambiguas, y la investigación debe respetar estrictamente las garantías vinculadas con la libertad de expresión, de culto, de asociación y el derecho a la intimidad. Los datos deben usarse para iniciar una investigación, pero luego se debe encontrar prueba independiente para validar o rechazar las sospechas.
El “ciclo terrorista”: cómo detectar la radicalización
La guía define al terrorismo como un fenómeno progresivo compuesto por distintas etapas. El “atentado” en sí mismo representa solamente la fase final de un proceso que puede comenzar mucho antes con la propaganda, la radicalización y el reclutamiento. Ese proceso es denominado “ciclo terrorista”.
Dentro de ese ciclo, la radicalización no es presentada como un camino automático. El documento explica que puede comenzar con una “apertura cognitiva”, cuando una persona empieza a cuestionar ideas, normas o instituciones que antes aceptaba, en ocasiones en medio de crisis personales, de identidad o situaciones percibidas como injustas.
A partir de allí puede producirse una búsqueda de sentido y de pertenencia, seguida por una progresiva incorporación de narrativas extremistas. En las etapas posteriores puede aparecer la justificación de la violencia, la identificación de objetivos, la glorificación de atacantes y, finalmente, la movilización hacia acciones violentas. La guía destaca que no todas las personas que atraviesan las primeras etapas llegan a la acción y que el proceso puede interrumpirse, revertirse o desviarse.
Para detectar una posible radicalización no se propone observar una característica personal aislada, sino cambios progresivos en el comportamiento, las ideas y los vínculos. El documento advierte que no existe un perfil único de posible atacante y que no se puede identificar a quien podría cometer un ataque a partir de su edad, sexo, raza, ideología, creencias o nivel socioeconómico.
Un dato que aporta el texto de la SAIT y la UFECO es que el 93% de los ataques terroristas fatales en Occidente de los últimos cinco años fueron cometidos por “actores solitarios” radicalizados en medios digitales, y que estos son tres veces más efectivos que los grupos organizados, de acuerdo a las estadísticas del Terrorism Global Index 2026.
Advertencias sobre videojuegos y plataformas online
Uno de los capítulos que más atención pone sobre los entornos digitales está relacionado con los videojuegos y las plataformas de interacción utilizadas por jóvenes. La guía advierte que determinados espacios vinculados al gaming, como “Roblox” y “Minecraft”, pueden ser aprovechados por los denominados “reclutadores”.
Estas personas buscan identificar y captar a personas vulnerables, además de construir vínculos de confianza con ellos. Las interacciones pueden comenzar como conversaciones aparentemente informales relacionadas con el juego y luego trasladarse hacia discusiones políticas, ideológicas o sobre la identidad.
Los “reclutadores” suelen dirigirse especialmente a personas que muestran determinados factores psicosociales, como situaciones de aislamiento social, frustración, crisis de identidad, necesidad de pertenencia, pérdida de sentido o vulnerabilidad emocional. Ninguno de estos factores implica por sí mismo una intención violenta.
La forma de detectarlos es a través de publicaciones, comentarios e interacciones en las que los usuarios manifiestan sentimientos de exclusión, discriminación, fracaso y desconfianza hacia las instituciones, o glorifican a autores de otros crímenes reales, como Eric Harris y Dylan Klebold, perpetradores de la Masacre de Columbine. Luego, los reclutadores comienzan a hablarles y despliegan un discurso en el que les dan la ilusión de un sentido de pertenencia o propósito de vida.
Primero puede existir una difusión masiva de propaganda extremista en redes sociales, foros o comunidades. Después, los contactos pueden trasladarse a espacios privados, donde el vínculo personal suele hacerse más importante y el “reclutador” busca generar confianza y reforzar una visión dicotómica de “nosotros contra ellos”, legitimando el uso de la violencia como herramienta política, religiosa o ideológica.
Una vez construido ese vínculo, el contacto puede trasladarse a otras plataformas, como Discord, Telegram o foros cerrados, donde la propaganda puede adquirir mayor intensidad y sistematicidad. En espacios como estos, el tirador de San Cristóbal y el adolescente detrás de las amenazas escolares compartían mensajes con grupos conocidos como “True Crime Communities” (TCC).
Los indicadores que plantea la guía
La herramienta de orientación presenta una matriz de riesgo con distintos niveles: medio, medio-alto, alto y crítico. La clasificación no determina la existencia de un delito ni supone una presunción de culpabilidad, sino que busca establecer la evolución de un proceso y orientar la respuesta investigativa.
Entre los primeros indicadores aparecen las teorías conspirativas y la polarización social; la identificación con ideologías extremistas; la escalada discursiva (incremento de lenguaje violento y amenazas); el extremismo violento (preparación concreta para la acción) y la movilización (paso efectivo a la comisión de delitos).
La guía aclara que la crítica a las instituciones es una manifestación protegida por la libertad de expresión y que adquiere relevancia investigativa cuando se combina con llamados a desconocer el orden democrático o justificar acciones violentas. En el caso de la identificación, aparecen la adopción reiterada de símbolos, consignas o referencias asociadas a movimientos extremistas, y la participación en comunidades digitales radicalizadas.
En la “escalada discursiva”, se puede alertar por un aumento del lenguaje violento, amenazas, justificación o celebración de atentados y llamados a la violencia. La guía también menciona expresiones destinadas a incentivar a otras personas a actuar, así como el uso de memes, hashtags, siglas o lenguaje codificado asociados con discursos extremistas.
En el siguiente nivel, los indicadores se acercan a la preparación concreta de una acción y surgen el interés sistemático en armas, explosivos o tácticas de ataque, el contacto con individuos o grupos extremistas violentos y la manifestación de una intención de cometer este tipo de actos. La guía considera relevante la denominada “fuga verbal” o leakage, cuando alguien comunica sus intenciones antes de un posible ataque.
Finalmente, la movilización representa el paso desde la radicalización ideológica hacia la preparación o eventual ejecución de una acción. Entre los indicadores aparecen la integración en grupos operativos, la recepción de instrucciones, la planificación o ensayo de ataques, el reconocimiento de posibles objetivos, la adquisición de equipamiento, la vigilancia y determinadas amenazas concretas.
