El senador nacional por Misiones habló sobre la reforma electoral, la interna del PRO y la situación de su provincia en una entrevista en Modo Fontevecchia.
El tratamiento del paquete de reforma electoral reabrió una intensa negociación en el Congreso de la Nación. Entre los puntos más debatidos figuran la posible suspensión de las primarias (PASO), las modificaciones en la carta orgánica de los partidos y los límites al financiamiento de las campañas.
En una entrevista en Modo Fontevecchia, por +Perfil, Radio Perfil (AM 1190), el senador nacional Martín Goerling (PRO) detalló la falta de votos para aprobar el proyecto del Ejecutivo en el Senado, evaluó las alternativas que baraja el Gobierno con los gobernadores y fijó posición sobre el rol que debe tener su espacio político en la oferta electoral nacional, además de abordar los desafíos económicos y políticos de su provincia.
Martín Goerling es licenciado en Relaciones Internacionales y Ciencia Política por la Universidad del Salvador. Actualmente se desempeña como senador nacional por la provincia de Misiones para el período 2023-2029. Es miembro del Consejo Nacional del PRO y secretario general del PRO en Misiones.
—¿Cómo está hoy la instancia de la reforma electoral dentro del Congreso? ¿Están los números para el oficialismo?
—Estamos desde hace tres meses y medio con el tema de la reforma política. Es una reforma amplia que incluye varios aspectos, no solamente PASO sí o PASO no, sino debates, pisos electorales, boleta única… En fin, muchas cuestiones a debatir. Ayer se abrió la discusión, nada más; se va a empezar a citar a especialistas para que vayan a hablar y se abra el debate. Si me preguntás hoy, hoy no están los votos para sacar las cosas, que es el objetivo principal del Gobierno. A partir de ahí va a empezar la discusión y seguramente el Gobierno buscará adhesiones. Esa es la realidad hoy. También lo que planteamos ayer, y que yo personalmente planteé, es que ficha limpia —que el Gobierno mandó como moneda de cambio dentro del paquete de reforma— queremos tratarla aparte. Nosotros venimos presentando proyectos hace varios meses, vamos a unificar un dictamen y vamos a tratar de discutir aparte ficha limpia, que es una demanda de la sociedad y exige ese debate: un debate separado y no como moneda de cambio de una reforma política.
—Sobre las PASO, algunos dicen que si no se pueden quitar, por lo menos una suspensión ¿sería una salida intermedia?
—El Gobierno claramente quiere suspender las PASO, eliminarlas, o no quiere ir a la elección del año que viene con el sistema de PASO. Ese es su objetivo principal. Mi postura personal, y la vengo manifestando, es que me parece que una reforma política de esta naturaleza hay que discutirla con seriedad, con el tiempo necesario. Son muchos aspectos y, en definitiva, define ni más ni menos que al próximo presidente de los argentinos. Entonces, cambiar las reglas apurada me parece que no va, tampoco por necesidad de uno u otro. Seguramente el Gobierno buscará eso; si no tiene los votos para modificar la ley en todos sus aspectos, buscará la suspensión. Ahí vamos a ver cómo se va dando. Hoy lo veo difícil, pero nada es imposible.
—Y con la carta orgánica de los partidos políticos, ¿cuáles son las ideas madre que se tienen dentro de los cambios que se proponen?
—Ahí son cambios importantes y creo que necesarios también. Es subir un poco el piso para que un partido sea de reconocimiento nacional, ya que hoy con tener representación en cinco distritos uno puede tener un partido nacional; la idea es subir a diez en ese aspecto. También subir el piso entre las PASO y la general si es que quedan las PASO, porque hoy con el 1,5% de las PASO se pasa a la elección general. Subirlo para que no haya tantos candidatos con pocos votos en la general. Está también el tema del financiamiento de los partidos políticos: el proyecto del Gobierno quiere sacar todo el aporte privado y que no haya aporte del Estado, pero me parece que hay que poner luz en el camino, porque pueden entrar financiamientos del narcotráfico y de actividades ilegales, por lo que creo que hay que ejercer un control. Son temas importantes porque hacen ni más ni menos que al sistema electoral de la Argentina. Por eso digo que necesita un análisis exhaustivo y un buen debate.
—Hay una cuestión de fondo: el potencial cansancio de la sociedad de ir a votar varias veces, además de lo que ocurre en las provincias que desdoblan. ¿No hay tampoco voluntad política de avanzar en una idea de esas características?
—Mencionaste varios aspectos. Uno es el cansancio de ir a votar varias veces; una de las opciones para la gente es que no sea obligatorio ir a votar, ya que de hecho en las últimas PASO no se llegó ni al 60% de participación. Se podría dejar la obligatoriedad y que quien quiera participar, participe. El segundo argumento es el de los costos. Creo que el costo para una elección presencial es una discusión que hay que minimizar en ese sentido. Pero lo más importante es que ahora, con la Boleta Única, el mayor costo que tenían las PASO, que era la impresión de boletas, ya no existe. Tengan en cuenta que en los procesos anteriores, el Estado le tenía que imprimir un padrón electoral a cada uno de los candidatos a diputados nacionales de todo el país. Era una cantidad enorme de recursos y de gastos, y después quedaban amotonadas las boletas que no se usaban. Ese gasto no va a estar más, y era el mayor costo de las PASO. Después, el gasto en fiscalización que tenían que asumir los partidos políticos prácticamente se reduce al mínimo porque desaparece el robo de boletas. Creo que hay un avance muy importante en el tema económico. Ahora, respecto a que los partidos hagan sus internas como en los años 80, me parece que cambió mucho nuestro sistema partidario. Antes había un bipartidismo fuerte, a lo sumo una tercera fuerza que no llegaba al 10%, y los partidos eran sólidos, con padrones electorales fuertes. Eso, sobre todo después de 2001, implosionó. Hoy tenés una atomización de partidos políticos. En las últimas elecciones se va en frentes electorales, para lo cual se hicieron las PASO. Tenés unión de partidos, entonces es difícil dirimir una interna dentro de un partido cuando querés ir en alianza con otros y armar frentes electorales con gente que piensa igual. Hay que tener en cuenta que nuestro sistema de partidos cambió mucho y creo que va a seguir cambiando; es una tendencia mundial. La gente ya no se siente representada por los partidos políticos, sino por las personas. Por eso las PASO son una forma de mostrarle a la sociedad qué frente político quiere gobernar, cuáles son sus ideas y qué gente se junta para eso. Hay que tener en cuenta esa variable: no es lo mismo que en los 80.
—En concreto, ¿la negociación para que esto se destrabe pasará por un aporte económico a las provincias por parte del Gobierno? ¿Desde dónde puede venir la manera de destrabar esto?
—Yo creo que la forma en que el Gobierno puede conseguir los votos va a estar en la negociación con las provincias, claramente. Ahí radica la negociación con los gobernadores que tienen senadores, para conseguir los votos por esa vía. Por eso decía que hoy en el Senado no están los votos para eliminar las PASO. Sí están para modernizar la herramienta en todas estas cuestiones de las que estamos hablando: mejorarla, hacerla más efectiva, más eficiente y menos onerosa. Pero hoy creo que no están los votos para sacarla. El Ejecutivo es el que tiene la necesidad y va a tener que trabajar fuerte con los gobernadores para conseguir los votos.
—¿Y el PRO a quién tendría como candidatos?
—Vamos a ver. Hoy está lanzado como precandidato Hernán Lacunza, que está trabajando y recorriendo. Lo está haciendo muy bien. Me parece necesario que el PRO tenga una voz propia, más allá de un posible frente que se pueda armar el año que viene. Todavía falta mucho, creo que no hay que apresurarse. Hoy es el momento de fortalecer lo nuestro; en el PRO estamos trabajando en todo el país para fortalecer el partido. Después se verá, más entrado el año que viene, en qué frente vamos o cómo estamos representados por el PRO. No tengo dudas de que el PRO va a ser protagonista, ya sea en un frente o acompañando, pero vamos a ser protagonistas en esa contienda.
—¿Mauricio Macri sí o Mauricio Macri no, como candidato?
—Eso lo definirá él el año próximo. Creo que no necesita anticiparse a hacer campaña o manifestar ahora su voluntad. Si lo decide, la sociedad lo conoce y sabe lo que puede dar; si toma esa decisión, claramente va a unificar no solo al PRO, sino a grandes sectores de la sociedad y a otros partidos políticos. Ojalá lo pueda hacer, ojalá sea su voluntad; pero si no es con Mauricio, vamos a construir otra alternativa, sin lugar a dudas.
—¿Y hay algún tapado dentro del PRO? Lacunza, como decía recién, viene con una historia vinculada más a la economía, una parte más técnica. Pero ¿hay algún tapado que pueda aparecer para presentarse?
—No veo un tapado hoy trabajando en ese sentido. Pero puede haberlo: el PRO tiene muchos y excelentes dirigentes que han sido probos en la función pública, que han pasado por la gestión, han transformado los lugares donde estuvieron y, sobre todo, han tenido un desempeño ejemplar en materia de transparencia. Tenemos mucha dirigencia. Cualquiera puede ser un buen candidato, entre los que la sociedad conoce o por ahí no tanto. Lo importante acá es armar el equipo, poner a la Argentina primero, fijar la idea de país y después que aparezcan los candidatos. Ojalá sea Mauricio, lo que nos ahorraría un paso importante; si no, tendremos que buscar una alternativa sólida y competitiva electoralmente.
—¿Cómo está la situación en su provincia respecto a esto y a las posiciones internas, incluso en comparación con los otros partidos?
—En mi provincia también hay una atomización muy grande de la oposición. Hay un frente que gobierna hace 25 años, que es el Frente Renovador con Carlos Rovira y Hugo Passalacqua, que ahora supuestamente están distanciados, pero siguen siendo todos lo mismo. El gran desafío que tenemos —y en eso estoy trabajando— es tratar de unir a los que pensamos igual y proponerle algo distinto a los misioneros después de 25 años. Estamos en la misma línea que a nivel nacional, buscando ese gran acuerdo; creo que lo vamos a lograr y que va a ser el fin de ciclo del rovirismo en Misiones.
—Aprovecho para preguntarle sobre Misiones —y no cargando solo sobre su figura lo que ocurre allí—: es una provincia rica, con un potencial enorme en sectores como la agroindustria y el turismo, pero con niveles de pobreza y marginalidad históricamente muy altos que, lamentablemente, como en otras variables del país, se mantuvieron y profundizaron. ¿Qué hay que hacer para que Misiones tenga un mejor estándar de vida y calidad para su gente?
—Liberar el potencial que tiene Misiones. La provincia se hizo grande con la inmigración de gente de todo el mundo; tenemos la mayor diversidad de inmigrantes y ahora se está celebrando la Fiesta Nacional del Inmigrante en Oberá. Fueron emprendedores y trabajadores que hicieron la yerba mate, el tabaco, la madera, el turismo. Pero hace años tenemos un régimen provincial que lo único que hace es aplastar al que produce y llenarlo de impuestos. Tenemos una presión impositiva asfixiante, una aduana paralela y un impuesto a los Ingresos Brutos que te quita recursos al ingresar mercadería para tu negocio. No hay infraestructura, no tenemos luz en muchos sectores de la provincia ni una red vial acorde, por lo que se hace muy difícil producir. Tuvimos un modelo desde un Estado que interpretaba el rol del Estado empresario: hay 17 empresas estatales en Misiones, todas ineficientes, pero grandes negocios para los que gobernaban. ¿Qué hace eso? Saca al sector privado de la cancha y pone todo en manos del Estado, que lo único que hace es agrandar la torta del empleo público y asfixiar al que produce. Eso es lo que hay que terminar. No tengo dudas del potencial que tiene Misiones en todos sus sectores, pero necesita un Estado que apoye al que invierte, al que trabaja y que genere las condiciones para la inversión. Esa es la etapa que hay que dar para que Misiones pueda crecer; es la única manera que puede crecer.
—¿Qué se dice o qué piensa usted sobre lo que se comenta respecto al financiamiento desde el Estado misionero a canales de streaming e internet que aparecieron en el último tiempo con una fuerte carga política, incluso ideológicamente enfrentados, pero con fondos que provendrían de Misiones? ¿Se dice algo en la política provincial sobre esto o es un tema ajeno?
—Claramente es parte de lo que decía recién sobre el Estado empresario, porque eso se financiaba con recursos de todos los misioneros. Los dueños de estos canales tenían o tienen un vínculo societario muy fuerte con el hijo de Rovira, y a partir de ahí tenían negocios con el Estado en parques solares y en una aplicación médica con el Parque de la Salud en Misiones. Eran contratos millonarios de los que venía un flujo de dinero de todos los misioneros hacia sus negocios, y con eso armaban canales por todos lados. Ese es solo un rubro, pero ocurre en todos lados. Qué fácil es ser empresario con los impuestos de los misioneros. Lo difícil es competir, y este modelo mata la competencia del privado que se rompe el lomo todos los días tratando de subsistir, ya ni siquiera de crecer, sino de no cerrar. Además, la situación económica nacional está golpeando mucho en mi provincia.
—Martín, gracias por atendernos este mediodía. Muy amable.
—Gracias a ustedes. Hasta luego.
