El comerciante atiende de 8 a 20 y cierra por disminución de ventas tras la pandemia y el cierre de oficinas en la zona.
Eugenio atiende un almacén de mitad de cuadra en el barrio desde hace 18 años. Este mes cierra el local, según informó. La decisión se debe a que vende menos y los números no dan, declaró. El horario de atención es de 8 de la mañana a 8 de la noche.
El comercio ofrece golosinas en la entrada, galletitas de dulces a saladas en el pasillo de la derecha, al lado de las heladeras de gaseosas y lácteos, fiambres en el fondo, productos de limpieza a la vuelta y, hacia la puerta, té, fideos, lentejas y latitas de conservas. También vende pancitos brioche que vienen de a cuatro.
Eugenio tiene clientes con cuenta corriente, algunos a quienes fía y otros que compran al pasar. Su nombre se escribe de tres maneras: de la “e” a la “o”, en ucraniano y en ruso, idioma de la Unión Soviética, donde nació en el otoño del lado norte de 1977.
El primer cambio en el almacén se produjo durante la pandemia, cuando Eugenio acortó el horario y comenzó a irse a las 5 de la tarde. Luego, hace unos meses, cerraron unas oficinas en la otra cuadra y la disminución de ventas se acentuó.
Al contar la situación, Eugenio se emociona y sus ojos se llenan de lágrimas que no suelta en la vereda. Vecinos y clientes lo saludan cada vez que pasan. Él pregunta por el día, por las novedades de la cuadra y por lo que pasa en el mundo. Sabe nombres e historias.
Cuando comenzó la guerra entre Rusia y Ucrania, Eugenio habló serio sobre el tema. Una vez recibió un mensaje para una persona de parte de una vecina de la vuelta. Si estaba por prender un cigarrillo y entraba alguien a comprar, lo apoyaba sobre la reja, en el mismo punto, para seguir al terminar.
Eugenio se va y se lleva una época, un vínculo y una forma de estar en el barrio, según los clientes. Todo lo que llegue a ese local parecerá una traición, dicen.
