El argentino a cargo del OIEA se postula para liderar Naciones Unidas y analiza el aumento de arsenales nucleares, la fragmentación global y los desafíos de la diplomacia en un mundo convulsionado.
Rafael Mariano Grossi, director general del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) desde 2019 y candidato a la Secretaría General de la ONU, ofreció un diagnóstico sobre el estado del sistema internacional en el marco de la XI Conferencia Hemisférica de Seguridad, en Miami. Según el diplomático argentino, la crisis financiera que atraviesa Naciones Unidas no responde solo a problemas de liquidez, sino a una «falta de confianza» en su conducción.
Grossi señaló que Estados Unidos, que financia cerca del 25 % del presupuesto de la ONU, ha retenido aportes como una señal política ante lo que considera una dirección estratégica inadecuada. «Es una actitud discutible, pero no ilógica», afirmó, y agregó que los recortes aprobados —alrededor del 15 % del presupuesto y 18 % del personal— son «apenas migajas» frente a un presupuesto total de 3600 millones de dólares. Para Grossi, la solución pasa por recuperar la orientación estratégica del organismo.
En materia de seguridad nuclear, Grossi advirtió que la tendencia en el número de armas nucleares es creciente. Destacó el caso de China, que pasó de 180 o 200 ojivas a 600, con «una declarada ambición de avanzar hacia la paridad con las otras potencias». También mencionó que países que hasta ahora sostenían posiciones firmes de no proliferación comienzan a revisar ese compromiso, al percibir que el paraguas nuclear de sus aliados «aparece erosionado».
El diplomático consideró que la guerra en Ucrania actuó como catalizador de una fragmentación que ya se venía gestando, y que la Alianza Atlántica, aunque no quebrada, presenta «visiones divergentes que antes no existían». Pese a ello, Grossi se mostró optimista respecto de la posibilidad de diálogo, incluso con regímenes como el de Irán: «No es fácil, muchas veces es frustrante, pero es indispensable».
Finalmente, Grossi sostuvo que la crisis de confianza en la ONU se resuelve cuando los países que la financian creen en su dirección estratégica. «Cuando eso ocurre, la ecuación cambia inmediatamente», concluyó.
