Un análisis de la respuesta occidental a los atentados del 11 de septiembre de 2001 y su impacto en la política contemporánea.
En diciembre de 2002, el crítico estadounidense Ken Hirschkop escribió sobre las reacciones al 11 de septiembre: «Una de las cosas más impresionantes de las reacciones americanas fue el horror, no solo hacia la atrocidad que había sido cometida, sino también a las posibles motivaciones de sus autores». Según Hirschkop, la pregunta «¿Por qué nos odian tanto?» demostraba, además de una repulsión lógica, la incapacidad de aprehender el entrelazado de motivaciones y acciones que caracteriza a la política.
Hirschkop señaló que muchos observadores se opusieron a quienes sugerían que detrás del evento podía existir algo más que una maldad incomprensible, como si el intento de imaginar alguna motivación pudiese poner en duda el horror de lo ocurrido.
El texto plantea que desde entonces la política se limitó a vigilar y castigar, y que la imaginación atrofiada llevó a recurrir a cómodos atajos. Se menciona que la civilización occidental habría perdido su identidad, incorporando rasgos de aquellos que dice combatir.
Se hace referencia a la tragedia «Los Persas» de Esquilo, escrita ocho años después de la batalla de Salamina, en la que los atenienses derrotaron al Imperio Persa. Esquilo, que participó en esa batalla, dio voz a los enemigos persas, presentándolos con dignidad en su derrota. El texto pregunta por qué eso fue posible entonces y es impensable hoy.
Finalmente, se cita a Bertold Brecht, quien escribió sobre Julio César que no se debe caer en el error de creer que las cosas tenían que salir necesariamente como salieron, y que siempre es posible cruzar el Rubicón en el sentido contrario.
