Investigadores finlandeses y brasileños hallaron más de 20.000 estructuras construidas por la cultura Aquiry en la selva amazónica, según un estudio publicado en la revista Nature.
Una nueva tecnología de investigación aérea permitió encontrar más de 20.000 estructuras de factura humana en el terreno de la selva amazónica. Estos terraplenes con fosas y formas geométricas debieron haberse utilizado como centros ceremoniales por los antiguos pobladores de la cultura Aquiry, según publicaron científicos finlandeses y brasileños en la revista Nature.
El arqueólogo Martti Pärssinen, de la Universidad de Helsinki, y sus colegas realizaron estudios LiDAR en un área de 4.497 km² en el suroeste de la Amazonía, incluyendo las ciudades de Río Branco, Lábrea, Boca do Acre y Carauari en Brasil. Su conjunto de datos arrojó 432 estructuras, de las cuales 396 estaban previamente sin documentar.
Extrapolando estos resultados, y en combinación con estudios satelitales existentes, los autores sugieren que la región de Aquiry, que comprende alrededor de 183.000 km², podría contener entre 24.000 y 30.000 terraplenes. Además, estiman que la civilización de Aquiry albergó a entre 1,25 y 3 millones de personas en su apogeo entre los años 100 y 300 d.C., lo que sugiere que dejó un impacto mayor en los suelos amazónicos, la estructura forestal y la biodiversidad de lo que se pensaba anteriormente.
Nuevos “ojos” tecnológicos penetran en el follaje
Durante décadas se pensó que la Amazonia era un ecosistema prístino, sin huellas humanas. Pero la tecnología LiDAR (Light Detection and Ranging) cambió las reglas del juego en la arqueología y la antropología, ya que permitió “ver” a través de la densidad del follaje.
Esta tecnología consiste en disparar pulsos de láser desde un avión. Mientras que algunos rayos rebotan en las hojas, otros logran filtrarse por los huecos y llegan al suelo. Al regresar al sensor, los científicos pueden reconstruir un mapa en 3D del terreno, eliminando digitalmente los árboles y revelando las estructuras ocultas sin tocar una sola rama.
Con este escaneo aéreo, el grupo científico de Pärssinen logró reconstruir poco a poco miles de estructuras de terraplenes, fosas y geoglifos donde los Aquiry se reunían públicamente para llevar a cabo sus actividades comunitarias.
Las estructuras descubiertas son enormes recintos geométricos excavados en la tierra, delimitados por fosos de hasta cinco metros de profundidad y terraplenes de varios metros de altura. Desde el suelo apenas se distinguen, pero desde el aire forman cuadrados, círculos, octógonos o figuras complejas de decenas de hectáreas.
“En 2002 experimenté la primera sensación de que las suposiciones anteriores sobre la selva amazónica estaban equivocadas”, confesó Pärssinen. “Recientemente, al ver que podría haber diez veces más estructuras de las imaginadas, el descubrimiento transformó completamente mi comprensión”, señaló el científico finlandés.
Una cultura desconocida pero avanzada bajo la selva
El uso de la tecnología LiDAR ha revelado que la Amazonia no era una selva virgen, sino el hogar de la civilización Aquiry, que modificó extensamente el paisaje.
Mediante pulsos de láser, los científicos descubrieron cientos de geoglifos y movimientos de tierra geométricos ocultos bajo la densa vegetación del suroeste de Brasil. Estos hallazgos sugieren que la región albergó a millones de personas que construyeron redes de carreteras y centros ceremoniales entre los años 600 a. C. y 850 d. C.
La civilización Aquiry ocupó aproximadamente 183.000 kilómetros cuadrados, el triple de lo que se creía hasta ahora (60.000 kilómetros cuadrados), una superficie más grande que la de Córdoba. Según Pärssinen, “antes pensábamos que en esta zona vivían unas 100.000 personas o menos. Ahora hablamos de millones. Demostrarlo ha sido sorprendente porque no esperábamos estos números”.
El descubrimiento de miles de estas estructuras en el suelo indica que la población antigua era mucho más numerosa y organizada de lo que se creía anteriormente. Esta investigación transforma nuestra percepción histórica de la Amazonia, presentándola como un entorno profundamente moldeado por la actividad humana.
“En ciertas épocas del año, estos lugares cobrarían vida con ceremonias, reuniones, música, danza y competiciones atléticas”, describió el arqueólogo finlandés. Además, eran agricultores expertos. Lejos de ser recolectores casuales, gestionaban el bosque plantando campos de maíz, mandioca, calabaza y algodón, además de cuidar bosques de castaños de monte y palmeras.
Esta forma de vida ha sido bautizada como “urbanismo forestal”, donde la gente vivía en armonía con una selva intensamente modificada pero productiva, explicó Pärssinen.
¿Por qué desapareció la cultura Aquiry de Brasil, Bolivia y Perú?
Los Aquiry, que habitaban el suroeste de Brasil y también una pequeña parte de la selva de Bolivia y Perú, construyeron enormes recintos geométricos (cuadrados y círculos) con zanjas que pueden alcanzar los 5 metros de profundidad. Estas estructuras no eran sólo para vivir, sino que también funcionaban como centros políticos y ceremoniales.
Los límites del área asociada a los geoglifos de Aquiry se sitúan entre Pic Sidney Girão, en el Estado brasileño de Rondônia; Tumichucua, cerca de Riberalta, en Bolivia; y Puerto Maldonado, en Perú.
Una cultura tan avanzada para manejar el terreno en una zona de difícil acceso, pero con carreteras que unían distintas comunidades mucho antes de la llegada de los colonizadores, debió haber sufrido un evento catastrófico para desaparecer por completo o, quizás, un cambio paulatino pero indetectable en la selva. Sin embargo, los científicos todavía no se ponen de acuerdo en qué pudo haber sucedido.
Se cree que las comunidades que antes vivían de forma dispersa y se reunían en los centros ceremoniales decidieron cambiar su organización social y empezar a vivir juntas en nuevos tipos de asentamientos. A partir del siglo XIII (después del año 1000-1200 d.C.), surgieron en la misma zona aldeas de montículos circulares y rectangulares.
Estas nuevas formaciones se ubicaban cerca de los antiguos centros ceremoniales y compartían estrategias de subsistencia similares, como el cultivo de maíz, lo que sugiere una continuidad de la población original bajo un modelo de vida diferente.
Los geoglifos comenzaron a desaparecer alrededor del 850 d.C. Tras este abandono, la selva reclamó gran parte de las construcciones, que permanecieron ocultas bajo los árboles durante siglos.
Un legado cultural que persiste
Existe la teoría de una “larga duración” cultural, ya que naciones indígenas contemporáneas, como los Apurinã, mantienen tradiciones y ceremonias que guardan relación con el uso de estos espacios y conocen el propósito histórico de los geoglifos.
Más que una desaparición total, las evidencias apuntan a un periodo de importantes cambios culturales y una reconfiguración de su modo de vida urbanístico hacia estructuras de aldeas más compactas antes de la llegada de los europeos.
Las investigaciones de las poblaciones humanas en la antigua selva amazónica no tratan de superar solamente una mirada colonialista eurocéntrica sino también buscan diluir las visiones sudamericanas de una selva despoblada y virgen de toda cultura. Estudios como éste en colaboración entre Brasil y Finlandia son muy importantes porque aportan nuevas evidencias de que se trata de territorios con una historia indígena muy larga.
