El presidente de AADIPA explicó en una entrevista que el balcón es una pieza clave de la vivienda y advirtió sobre los riesgos de instalar equipos de aire acondicionado en estos espacios, tanto para la estructura como para la imagen urbana.
El arquitecto Josep Maria Boronat, presidente de la Asociación de Arquitectos para la Defensa y la Intervención en el Patrimonio Arquitectónico (AADIPA), dialogó con La Vanguardia sobre el rol del balcón en la vivienda y los problemas que pueden generar ciertas instalaciones domésticas.
Boronat señaló que “el balcón es probablemente la habitación más pequeña de la casa, pero también la que establece la relación entre la vida privada y la ciudad”. Durante el Modernismo, figuras como Gaudí, Domènech i Montaner, Puig i Cadafalch o Josep Maria Jujol transformaron este elemento en una pieza arquitectónica con identidad propia, como el balcón ondulante de la Casa Planells, que “parece una ola que desborda el edificio”.
En la actualidad, el arquitecto lamentó que “durante décadas hemos reducido progresivamente su tamaño” y que muchos balcones terminan ocupados por aparatos de aire acondicionado, cajas o tendederos. Consideró paradójico que luego se intente recuperar el contacto con el exterior mediante grandes ventanales o zonas comunitarias. Para Boronat, “un buen balcón no es un lujo, sino una infraestructura doméstica” que, bien diseñada, puede proteger la vivienda del sol: “La mejor climatización es aquella que consigue evitar que el calor llegue a entrar en la vivienda”.
Consultado sobre el principal error al diseñar balcones y terrazas, afirmó que “considerar el balcón como un elemento secundario o simplemente como un requisito urbanístico” es el error más común. Sostuvo que la pandemia demostró la importancia del espacio exterior para el bienestar físico y emocional, pero que “seguimos construyendo muchas promociones donde tiene un carácter casi testimonial”. Además, indicó que el diseño suele priorizar la imagen del edificio frente al confort ambiental, cuando debería responder a la orientación, el clima, el soleamiento y las necesidades de los habitantes.
En cuanto a la capacidad del balcón para reducir el calor interior, Boronat explicó que “un balcón correctamente diseñado es uno de los sistemas pasivos más eficaces para mejorar el comportamiento térmico de una vivienda”. La profundidad puede proteger los huecos del sol alto en verano y permitir la entrada del sol en invierno. La orientación también es determinante: una fachada oeste necesita soluciones distintas a una fachada sur o norte. Elementos como toldos, persianas alicantinas, contraventanas, lamas, celosías o vegetación forman parte de la arquitectura mediterránea y recuperan vigencia frente al cambio climático.
Respecto a por qué muchos balcones terminan como trasteros o espacios para el aire acondicionado, el arquitecto dijo que “en parte porque muchos balcones actuales ya nacen con un tamaño insuficiente para desarrollar actividades cotidianas”. Cuando un espacio resulta incómodo, termina siendo ocupado por aquello que no encuentra sitio dentro de la vivienda. También influye la reducción de la superficie útil de las casas contemporáneas. Sobre las instalaciones, señaló que “durante décadas los inquilinos han asumido que instalaciones como las unidades exteriores del aire acondicionado podían resolverse ocupando el balcón, sin valorar el impacto funcional, estético y patrimonial”. Cuando los balcones se llenan de instalaciones improvisadas o cerramientos desordenados, “no solo pierde calidad el edificio, también se degrada el paisaje urbano”.
Acerca de las señales de deterioro en balcones y barandillas de edificios antiguos, Boronat mencionó “grietas, desprendimientos, manchas de óxido, deformaciones en el vuelo del balcón o movimientos apreciables en la barandilla”. En edificios históricos, el problema no suele ser solo la antigüedad, sino la falta de mantenimiento continuado. El agua es el principal enemigo porque, al penetrar en la estructura, favorece la corrosión de los elementos metálicos y acelera el deterioro. Las barandillas con holguras, corrosión avanzada o pérdida de fijación deben revisarse de inmediato por razones de seguridad.
En relación con el impacto de los aparatos de aire acondicionado, jardineras pesadas o reformas domésticas, el arquitecto explicó que “cualquier elemento añadido modifica las condiciones para las que fue diseñado”. Las jardineras pueden alcanzar un peso considerable cuando la tierra está saturada de agua, y puede haber filtraciones si no hay una correcta impermeabilización o evacuación. Los equipos de aire acondicionado generan “vibraciones, evacuación de condensados, perforaciones en la envolvente del edificio y un importante impacto visual, especialmente en edificios históricos o protegidos”. Lo mismo ocurre con cerramientos, pavimentos superpuestos o reformas sin criterio técnico. Boronat aclaró que “no se trata de prohibir estos elementos, sino de incorporarlos respetando tanto la capacidad resistente de la estructura como la calidad arquitectónica del edificio”.
Sobre la posibilidad de añadir balcones a edificios que no los tienen, Boronat dijo que es posible “mediante estructuras metálicas u otros sistemas relativamente ligeros”, pero antes se debe analizar la capacidad resistente del edificio, la normativa urbanística y el valor arquitectónico del inmueble. En algunos casos puede mejorar la habitabilidad y el confort; en otros, especialmente en edificios históricos o con valores patrimoniales, añadir balcones alteraría de forma irreversible su arquitectura.
