La ministra de Seguridad, Alejandra Monteoliva, se enteró del ingreso de Flavio Bolsonaro al país por un llamado de Migraciones y consultó a Javier Milei, quien aprobó la maniobra. El operativo fue organizado por Santiago Caputo, según fuentes oficiales. En paralelo, funcionarios advierten sobre agendas superpuestas y falta de resultados económicos.
El martes por la noche, la ministra de Seguridad, Alejandra Monteoliva, recibió un llamado desde el puesto de Migraciones en Puerto Iguazú para informarle que Flavio Bolsonaro y su familia se encontraban allí para ingresar a la Argentina. Según relataron fuentes oficiales, la funcionaria desconocía el operativo reservado que se había montado para facilitar la partida del senador brasileño, que incluía a efectivos de fuerzas a su cargo. Monteoliva llamó al presidente Javier Milei para consultar cómo actuar, y el mandatario, que estaba al tanto de la maniobra, dio su aprobación.
De acuerdo con las mismas fuentes, solo Milei, Santiago Caputo y posiblemente Karina Milei estaban en conocimiento del dispositivo. La operación fue organizada por Caputo por pedido expreso del Presidente, según un conocedor del vínculo entre ambos. El avión que trasladó a Bolsonaro fue contratado por un broker estadounidense y no tenía matrícula argentina. En el Gobierno aseguran que no hubo un pedido de participación del secretario de Estado de EE.UU., Marco Rubio.
El ingreso de Bolsonaro a la Argentina se produjo sin que se emitiera una cédula roja de Interpol, según reconocieron fuentes oficiales. La cancillería brasileña convocó el jueves a la encargada de Negocios argentina, María Emilia Cortés, para recabar información sobre lo ocurrido.
En tanto, el desconcierto de Monteoliva refleja, según funcionarios consultados, un nivel de descoordinación interna que se ha profundizado en las últimas semanas. Existe una percepción entre los propios funcionarios de que conviven agendas superpuestas y contradictorias. El ministro de Economía, Luis Caputo, insiste en la necesidad de un acuerdo con los gobernadores para dar señales de gobernabilidad, mientras que Karina Milei condiciona ese apoyo. Diego Santilli trabaja para suspender las PASO, pero los Menem disputan el territorio con los mismos interlocutores. Santiago Caputo impulsa el proyecto Malvinas, pero Martín Menem no comparte el interés. Patricia Bullrich pide activar la economía, mientras Milei reafirma que no cambiará el rumbo.
Las fuentes señalaron que la dificultad organizacional se remonta al replanteo ministerial de hace un año, cuando el karinismo absoluto se debilitó y se multiplicaron los espacios de decisión. Existen una mesa económica, una mesa política de los martes, una mesita ratona karinista y reuniones de Gabinete, con diferencias internas en cada ámbito.
A esto se suma, según las fuentes, una inquietud por la falta de resultados del plan económico, que lleva a algunos actores a desconfiar del horizonte de reelección y priorizar objetivos personales. En las últimas semanas, el Gobierno intentó mostrarse activo en su mensaje económico con términos como “producción” y “pymes”. El jueves en Rosario, Karina Milei participó de un encuentro con gobernadores mineros y de la zona núcleo, donde afirmó: “Queremos lograr un win-win, porque como me gusta decir, acá tienen que ganar todos, las grandes empresas mineras, y también las pymes argentinas”.
El Gobierno sostiene que el 82% de la mano de obra que genera el RIGI es local y que en 20 provincias hay proveedoras de los beneficiarios. La visita de Milei al yacimiento de Río Tinto en Catamarca forma parte de un recorrido por nueve provincias.
