Un informe técnico indica que 105 millones de hectáreas están afectadas por erosión hídrica y eólica. Especialistas señalan que las políticas de conservación registran avances limitados.
El 7 de julio se conmemora el Día de la Conservación del Suelo en Argentina, establecido por decreto del presidente Arturo Illia en 1963. La fecha recuerda al doctor Hugh H. Bennett, investigador estadounidense que impulsó la lucha contra la erosión a nivel mundial.
Según datos difundidos en distintos ámbitos técnicos, el 38% del territorio argentino está afectado por procesos de erosión hídrica y eólica, lo que equivale a unos 105 millones de hectáreas. En los últimos 25 años, la erosión hídrica creció en 33 millones de hectáreas y la eólica en 9 millones.
Especialistas del sector señalaron que la degradación del suelo se vincula con cambios en el uso de la tierra, como desmontes, expansión de la frontera agrícola, falta de rotaciones y sobrepastoreo en regiones secas. Los principales procesos de degradación incluyen erosión hídrica y eólica, compactación, disminución de carbono orgánico y nutrientes, salinización y desertificación.
Estudios realizados en el norte de la provincia de Buenos Aires y sur de Santa Fe indican que la erosión reduce el rendimiento de cultivos de soja, trigo y maíz en un 22% anual, con pérdidas estimadas en 1500 millones de dólares. El costo total, considerando daños a infraestructura como rutas, embalses y canales, triplicaría esa cifra, según las evaluaciones disponibles.
El balance entre extracción de nutrientes por los cultivos y los aportes de fertilización muestra un déficit: se repone menos del 40% de lo exportado. Sobre una superficie de 30 millones de hectáreas de trigo, soja y maíz, la extracción neta representa unos 2400 millones de dólares anuales.
La Ley Nacional de Fomento a la Conservación del Suelo se encuentra vigente pero desfinanciada, según indicaron fuentes del sector. Algunas provincias, como Entre Ríos, Córdoba y Santa Fe, implementaron leyes o programas propios que, de acuerdo con los especialistas, lograron incentivar a productores.
Distintos proyectos de ley de conservación del suelo presentados en los últimos años no prosperaron. Una de las causas señaladas es la inclusión de obligaciones y penalidades que generan resistencia entre propietarios y usuarios. Como alternativa, se propuso un enfoque basado en estímulos, como la reducción de derechos de exportación o del impuesto inmobiliario rural para quienes adopten buenas prácticas.
El doctor Bennett, recordado en esta fecha, fue definido como una persona que “reunía ciencia, coraje y tenacidad para derribar los muros de la indiferencia, de la ignorancia y de los prejuicios”.
